martes, 5 de abril de 2011

Gratos Recuerdos


“Mi fuente de inspiración, tu voz es apenas un murmullo, que se desvanece como humo entre mis dedos, no te escucho, no te siento, ya no estás.” –Alma (@Elecktrapink en twitter)

Para la hija menor Delvalle: mi amiga, mi hermana, mi doble, mi creadora, mi amada, mi fiel bruja y mi constante espíritu.


-¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!

-…                                             

-¡Guau! ¡Guau! ¡Guauuuuuu!

-Mmm… ¡¿ahora qué quieres Bleu?! –me levanté pesadamente y salí de mi cuarto. Guiándome por los ladridos de Bleu llegué hasta la cocina donde yacía un objeto tirado en el piso y Bleu a su lado ladrándole ferozmente.

-Jejeje ¿por esto me despertaste? –Bleu cesó su ladrido y me miró.
Bleu era mi perro, mis padres me lo regalaron cuando él era un cachorro y yo ¡bueno! Se puede decir que también, fue en mi cumpleaños número cinco. Siempre me han causado gracia sus ladridos, ya que Bleu es un perro muy asustadizo y al menor desconcierto tiembla y se pone a ladrar, justo como en este momento.

-Ay mira Bleu, este es el calendario –tengo la extraña sensación de que Bleu me entiende cuando le hablo, por eso me gusta explicarle las cosas –él nos indica en qué día y qué mes estamos ¿comprendido? No hay porqué asustarse –Bleu mira de nuevo el calendario y vuelve a ladrarle –no, no, calma, ay cómo te explico, mira, estos cuadros tienen en su interior los días de cada mes ¿ves? Aquí dice que hoy es 4, lo que nos da que ayer fue 3 y mañana 5 ¿entendido? Ayer 3, hoy 4 y mañana… 5. Sonreí. Mañana 5, por fin ya mañana era 5, por fin el...

-¡Ring! ¡Ring! –el sonido del teléfono me distrajo, dejé el calendario en la mesa y fui a la sala donde no paraban los timbrazos, Bleu me siguió.

-¿Bueno?

-¡Hola Mark!

-¡Qué pasó Juan! ¿Cómo estás?

-Bien Mark, todo en orden

-Va que bien, ¿que pasó entonces?

-Oye, ¡que crees! Te hablo para avisarte que Paco por fin hará su fiesta ¿recuerdas que nos la debía? Pues ya está organizada

-¿De verás? Oh pues que bien pero ¿a qué hora es o qué?

-Va te explico, es mañana

-¿Mañana?

-Si mañana pero deja te acabo de decir

-Si perdón sigue

-Según me dijo empieza a las 3 porque… si mamá ya voy, no, es rápido, espérame mamá… a ver Mark ¿sigues ahí?

-Si aquí estoy

-Deja te explico rápido porque mi mamá va a usar el teléfono. Checa empieza a las 3 porque va a estar también su familia pero según Paco su mamá ya le dio permiso para que nos quedemos a pasar la noche en su casa ¿Cómo ves?

-¿En serio? ¡Ay pues que bien Juan!

-¿Sí verdad? Yo llegaré un poco antes para ayudarle a Paco a acomodar las cosas como agradecimiento, ¿Qué me dices tú?

-Ah si verdad… híjole pues yo les fallo, no creo llegar antes, es más, ni siquiera a la hora, se me hace que llegaré ya en la noche

-… ¿y eso Mark?

-Oye ¡mañana es 5!

-ammm… ¿y eso qué?

-¿Qué? ¿Cómo que y eso qué? Oye ¡5! ¡Clara! ¡Un año! Cómo a que te suena

-Mmm a nada… ¿Quién es Clara?

-¡¿Cómo que quién es Clara?! ¡Mi novia!, serás idiota

-¡Tranquilo Mark! ¿Pero cuál novia? ¿Quién es Clara?... si mamá ya voy… ammm mira no sé, tengo que colgar, pues llega a la hora que quieras no hay problema, yo le aviso a… que si mamá ya terminé… le aviso a Paco que llegas tarde, lleva a tu novia y en serio Mark, ni idea de quién sea Clara ¡Adiós!... ay mamá pero ni me tard… ¡Click!

-… click

¿Pero qué le pasa a Juan? ¡Cómo pregunta quién es Clara! ¿Me habrá hecho una pasada? ¡Ay no lo entiendo! Él y Paco son mis amigos, de los mejores se podría decir, hace poco más de 5 años que nos conocemos y hemos pasado innumerables cosas que sin duda nos han marcado; como la vez que fuimos a ese curso de inglés donde la profesora de origen canadiense jamás me pudo llamar “Marco” y decidió cambiar mi nombre por “Mark” el cual hasta hoy sigo llevando. O la vez en que nos sentimos muy grandes y nos fuimos solos de viaje a las montañas. La mamá de Juan nos fulminaba con la mirada cuando nos recogió a los 3 en una cabaña de paso después de que nos perdiéramos en el camino y extraviáramos nuestras pertenencias. Sí, muchas cosas hemos pasado en este tiempo y aunque también de vez en cuando nos peleamos siempre nos mantenemos juntos. Fui el único hijo de mis padres y sin embargo a ellos los siento como mis hermanos. Por eso me intriga la actitud de Juan con respecto a Clara, ella es una parte muy importante de mi y de mi vida, el hecho de que diga que no sabe quien es… ¡ah! Me hace enfurruñar; como sea, luego lo hablaremos, lo importante ahora es justamente ir a ver a Clara y organizarnos para mañana.

 Miré a mí alrededor y Bleu seguía ahí, sonriendo como siempre y moviendo alegremente la cola

-Hey Bleu, iré a ver a tu dueña ¿quieres ir?

-¡Guau! –un ladrido felizmente sonoro salió del hocico de Bleu, lo cual significaba un sí.

Subí rápido a mi cuarto y me empecé a alistar. Si bien era cierto que Bleu era mi perro y que Clara lo conoció la primera vez que fue a mi casa, yo le decía a mi perro que Clara era su dueña. Y es que sencillamente Clara era mi todo, y lo poco o mucho que podía poseer yo, sin duda también era de ella, y Bleu no era excepción alguna, pero eso a él no le importaba, él también quería a Clara, ¡y es que como no quererla! Ella es adorable y muchísimo más; es bondadosa, linda, divertida, sincera… es todo como siempre lo digo y no me cansaré de decirlo. Si Clara fuera un pez yo viviría en el mar, si fuera una planta yo estaría en la tierra junto a ella. Estoy condenado a amarla y eso es mi salvación; así como también estoy listo y capacitado para entregarme a ella totalmente. Así de simple, así de… claro.

Después de varios minutos me encontré listo para salir, le até a Bleu su correa y decidí llamarle a Clara para avisarle que iría a verla. Marqué su número.

-Estimado usuario, el número que marcó no existe, le sugerimos verificarlo, gracias.

-¿Qué? ¡Ah! Seguro marqué el número mal, a ver vamos a intentarlo otra vez –dije en voz alta –ring… ring… ring… no me contesta… ring… ring… ¿H-hola?

-¿Hola? ¿Clara?

-Eh… sí, ¿Mark?

-… sí soy yo ¿Estás bien?

-Sí ¿Por qué lo preguntas?

-Oh no sé, te escuché rara

-Ah perdón, no te quise asustar, estoy bien

-No, yo te pido perdón no sé ni en qué estoy pensando; oye pequeñita ¿vas a estar en casa hoy?

-Jojo como me hace reír que me digas así, sí, sí estaré en casa

-Bueno entonces espérame que voy a verte

-¡Bien! Te espero aquí

-Llevaré a tu consentido

-¡Oh Bleu que bueno! Sí tráelo, lo quiero ver

-Está bien, estará ahí conmigo, ahora nos vemos

-Claro, hasta pronto entonces

-Ahorita nos vemos y Clara… te amo

-…

-¿Clara? ¿Sigues ahí?

-…

-¿Clara?

-…

-Adiós –que raro, a lo mejor se cortó la llamada. En fin vámonos Bleu

-Guau

Es curioso como las cosas cambian. He pasado cientos de veces por este camino hacia donde Clara y siento como si fuera la primera vez. Hasta Bleu se ve inquieto. Recuerdo la ocasión que conocí a su madre; estaba tan nervioso que llevé a Bleu conmigo. Al llegar a su casa coincidió que había un vendedor en la puerta, la cual estaba abierta, decidí asomarme y llamé a Clara, ella se dejó ver con una playera blanca con botones de presión (mi favorita) y unos pantalones ajustados con sus eternas bailarinas azul marino ¡Pero que hermosa se veía! El hechizo de su encantadora imagen se rompió cuando Bleu irrumpió en la casa y se lanzó hacia ella con tanta fuerza que la tiró al piso. Su madre se puso histérica, el vendedor petrificado y yo con la mayor vergüenza que he pasado en mi vida. Tuvieron que pasar varias horas para que su mamá se relajara y me pudiera mirar sin odio; ese incidente no pasó a mayores y afortunadamente para mí ahora mi suegra lo toma con mucha gracia. Bleu estaba muy arrepentido pero Clara jamás lo reprendió por eso, desde ahí él la quiere, la valora y se puede decir que hasta la respeta, pero sobre todo la estima.

Por fin llegamos a su casa y para mi gran sorpresa Clara estaba afuera esperándonos. Y como si los dioses me hicieran el gran favor Clara trae puesta esa misma playera con la cual me vuelve loco, Dios, es tan hermosa.

-¡Hey! Estoy aquí –dijo ella

-Vamos Bleu, ve con ella –Bleu echó a correr como siempre cuando la ve y en vez de brincar en dos patas simplemente se agachó a su lado -¿Bleu? No te va a morder… espero –dije en tono de broma mientras me situé al lado de mi fiel perro. Clara me dedicó una de sus radiantes sonrisas y encorvó un poco su cuerpo para acariciar a mi perro ¡Pero que pose ha adoptado esta mujer! Concéntrate Mark, concéntrate

-¿Mark? –me dijo Clara sacándome de mis ensoñados y algo turbios pensamientos

-Eh… ¿Qué?

-Jojo ¿dónde andas?

-Perdón, me distraje (pero fue por su culpa)

-Está bien, te decía que Bleu tiene algo raro hoy, no lo dejes así y pon atención a su comportamiento de este día

-¿Ah? ¿Crees que le pase algo? Espera, ¿Por qué me hablas así?

-Mark son muchas preguntas al mismo tiempo

-Perdón –dije rápidamente –me tranquilizo –Clara me afirmó con la mirada y volteó a ver a Bleu

-Vamos perrito levántate, no quiero verte en esa posición, no hoy ¿sale?

-¡Guau! –Bleu ladró e inmediatamente se levantó. Clara también se incorporó dejando esa posición tan especulativa

-En fin Mark hay que ponernos de acuerdo

-Ah sí es lo que venía a platicar contigo. Lo que pasa es que hay un pequeño inconveniente

-¿Qué pasa?

-Es que resulta que… ¿te acuerdas que fue el cumpleaños de Paco? Pues mañana va a ser su fiesta y como será algo familiar empezará en la tarde; Juan me dijo que podíamos llegar más noche pero no sé cómo lo veas tú –Clara cerró los ojos y giró la cabeza a un lado; oh, oh conozco ese gesto en ella, es de tristeza –Pero mira Clara –me apuré a decir –no te preocupes por esto, yo puedo hablar con Paco y decirle que no podremos ir digo, fiestas hay muchas, y no todos los días se cumple un año de relación

-Mark –me interrumpió mientras me miró a los ojos

-¿Qué? –le dije completamente hechizado por su boca que se ve espectacular cuando dice mi nombre

-Primero relájate, yo también quería hablar de eso contigo. Resulta que mañana saldré temprano y la verdad no sé muy bien a qué hora llegaré por lo que pensaba proponerte que si no tenías nada que hacer hoy la pasáramos juntos todo el día como lo planeábamos hacer mañana ¿Qué te parece?

-Ah perfecto linda me… me parece muy bien

-¡Genial! –me dijo Clara al mismo tiempo que cerró los ojos y me sonrió mostrándome sus perfectos dientes, fue imposible resistirme a probar una vez más su boca.

Así Clara y yo pasamos el día juntos, ¡ah! Y con Bleu; estuvimos dando vueltas por el vecindario y jugando un rato en los altos robles que hay cerca de su casa.

-Clara ¿te cuento un chiste?

-Sabes que no me hará reír

-Tomaré eso como un si. A ver Clara, pregúntame si soy un árbol

-Mark ¿eres un árbol?

-No jajaja –me empecé a reír de mi mal chiste pero aún más de la cara que mi niña puso

-Eso ni siquiera es considerado como chiste

-¡Pero deberías ver tu cara!

-¡Bah! No tengo ninguna cara graciosa, guapo tonto–ay mi Clara, ¡como amo sus insultos!

-¡Guau! ¡Guau! –ladró Bleu con una seña de impaciencia

-Ay Bleu ¿hasta tú te pones en mi contra?

-No creo que sea eso Mark ¿Qué hora es?

-Ya casi las 5 ¿Por qué?

-¿A qué hora come el perro?

-A las ¡ups! A las 4

-Jeje ven vamos a mi casa a ver qué le podemos dar

-Bueno, ¡vamos Bleu!

La casa de Clara es muy acogedora y huele tanto a ella.

-Oye Bleu ¿te gusta la sopa? Tengo un poco para ti, deja la caliento

-Clara lo consientes mucho, se supone que sólo come croquetas

-Si Mark pero ¿de donde voy a sacar croquetas? Anda, por una vez que coma otra cosa no le pasará nada, mira mejor hazme un favor, ve a mi cuarto, debajo de la mesa de noche tengo un recipiente redondo, creo que estará bien para que ahí coma Bleu

-Bueno ahí voy

El cuarto de Clara está al final del pasillo en la planta baja; ya he entrado antes y me agrada porque tiene mucho de ella. Al entrar localicé rápidamente el recipiente que Clara me había dicho, lo agarré y miré a mí alrededor. Cuando su madre la castigó yo la iba a ver a su ventana que da a la calle, aunque era algo incómodo ya que el marco de la ventana estaba desnivelado, lo que provocaba que la misma ventana no cerrara, así que había barrotes verticales protegiendo la seguridad de mi niña. En esto estaba yo pensando cuando de pronto divisé un objeto en particular arriba de la misma mesa; era una cámara fotográfica, de esas grandes que sacan fotos instantáneas, pero qué…

-¡Mark! –Me giré rápidamente y vi a Clara en la entrada del cuarto -¿Por qué tardas tanto? ¡Bleu está mas que impaciente! A ver, dame el traste –Clara me quitó el recipiente de mis manos y se fue. Tomé la cámara y la examiné ¿Por qué Clara tenía una cámara así?

-¡Oye Clara!

-Voy, espérame un segundo –instantes después apareció de nuevo en el cuarto ¿Qué pasó?

-¿Cómo es que tienes esta cámara?

-¡Ah! Eso, será para mi abuela, ¿ves que te dije que saldré mañana? Iré con ella y se la llevaré, originalmente era de mi abuelo pero ella la quiere conservar así que se la daré, incluso al rollo aún le queda una foto, eso es bueno porque hoy día es muy difícil encontrar rollos así, y además salen muy caros

-¿Y sabes si va a tomar esa última foto?

-No, en sí mi abuela no sabe que le queda una, nadie lo sabe, yo lo descubrí esta mañana

-Ohhh y… ¿sería muy malo que yo gastara esa foto?

-¿Tú? ¿Y en que?

-En lo mas bello que hay en este mundo, bueno al menos en esta habitación

-Jejeje y ¿a qué?

-¡Ay Clara pues a ti! ¿Sí?

-Ah no, a mí no, mejor a ti ¿vale?

-No, no, a ti

-Mmm no… bueno a los dos ¿Qué te parece?

-Está bien, ya que casi no tenemos fotos de nosotros

-Jejeje es cierto pero a ver dónde… ¡ah! Ya sé, ven siéntate –Clara se sentó en su cama y me hizo una señal de que la imitara, me situé a su lado y la abracé

-Ahora ¡Sonríe! –dijo y presionó el botón. Un destello blanco cegó momentáneamente mis ojos y un cuadro negro salió por la rendija que tenía la cámara; me apresuré a tomarla pero Clara me ganó -¡Es mía! Jojo ¡ah! Ya se está viendo

-Déjame ver Clara

-¡No! Ten la cámara y yo la foto

-Clara ¡no! –puse la cámara en su sitio original y me volví a sentar a su lado

-¡Ohhh deberías verte!

-¿Qué? ¿Salí mal? ¡Clara!

-Jajaja –ella sólo reía –Ohhh ¡Ya se ve muy bien! ¡Wow!

-¡Clara déjame verla!

-Jajaja ¡Noo! –seguíamos forcejeando la foto cuando pasó.

Clara giró demasiado su hombro derecho provocando que 3 de los 5 botones de presión de su playera no resistieran y se abrieran por completo; en un santiamén los dos volteamos a ver sus botones fallidos; no sé que habrá pensado Clara pero yo no pude pensar nada. Lo que vi bajo su playera me dejó sin ideas, el cuerpo perfecto y la sedosa semi-desnudez de su pecho era mucho para mí.

-¡Ay Mark mi playera! ¡Ahora debo cambiármela! –Se paró al instante de la cama y caminó hacia una cómoda, yo también me paré y caminé hacia la puerta –Espérame con Bleu, sólo será un momento –me dijo cuando yo agarré la cerradura

-No –le respondí y cerré la puerta, pero yo seguía en el cuarto; Clara no se había dado cuenta de que todavía estaba en la habitación y como se asustó con mi respuesta inmediatamente se volteó hacia mí con su linda playera completamente abierta…

-¿Mark? –me preguntó con un dejo de susto en la voz

-No tengas miedo, relájate, cierra los ojos, somos como uno mismo –dije y la besé.

Quedaría de más describir lo que pasó en el tiempo siguiente pero en cierto momento Bleu empezó a rasguñar la puerta.

-Creo que Bleu ya se aburrió –me dijo Clara aún apoyada en mí

-Si, creo está cansado –le respondí, ella me dio un furtivo beso y se incorporó.

Minutos después ambos salimos de la habitación, los dos acariciamos a Bleu y nos empezamos a alistar él y yo para irnos, la mamá de Clara estaría por llegar

-Oye Mark

-Mande linda

-Este… llévate la foto

-¿Uhm? ¿No la quieres?

-No, no es eso, es que mi mamá no sabía que aún le quedaba una a la cámara y si la ve…

-Oh ya, si, si te entiendo, entonces me la llevo –Clara me dio la foto, acarició a Bleu de una manera muy cariñosa, como si ya no lo fuese  ver; a mi me abrazo como por un minuto, me miró, me besó muy dulcemente y me susurró un “gracias” ¿Pero que? Me separé de ella -¿Clara? ¿Estás bien? ¿Por qué actúas tan raro?

-Volviste a hacer muchas preguntas a la ves Mark –se rió

-No, contéstame, desde que te marqué sentí que algo inusual te ocurría, creí que era mi imaginación pero ya veo que no es así –Clara volvió a hacer su gesto de tristeza –Nena ¿Qué tienes? Sabes que puedes confiar en mí ¿Qué sucede? –sin subir todavía la mirada, Clara sonrió para por fin verme

-¡Ay Mark! Te agradezco que te preocupes por mí, pero… no me pasa nada, de verdad perdón por asustarte, no era mi intención, sólo que sentía la necesidad de agradecerte por hacerme tan feliz, espero y tú también lo seas, hoy y todos los días

-¡A-ay Clara! Por supuesto que soy feliz ¡ven acá! –y la volví a abrazar. ¡Que cosas tan raras dice! Pero así es ella y así la amo. Jeje parece que me fue bien al final de cuentas.

Bleu y yo salimos de la casa y Clara quedó en llamarme mañana. Cuando íbamos a dar vuelta en la esquina ella aún nos seguía viendo, le lancé un beso imaginario y ella marcó con los labios un “te amo”, algo que en sí jamás habíamos hecho, no le di importancia.

Al día siguiente Clara no llamó.

Como ya la había visto el día anterior, decidí dedicarme a la fiesta de Paco aunque tuve una pequeña discusión con él y Juan porque me seguían diciendo que no conocían a Clara pero ¡bueh! Seguro tramaban algo. La fiesta comenzó y después de unas horas y algunas cervezas decidí ir a casa a esperar noticias de Clara.

Al entrar a mi casa Bleu corrió hacia mí pero no con alegría o entusiasmo, sólo corrió y se quedó ahí, justo como ayer cuando vio a Clara

-Hey Bleu ¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?

-¿M-Marco?

-¡Hola mamá! Llegaste temprano

-Sí, y parece que tú también ¿no te ibas a quedar con Paco?

-Ah si pero vine de rápido, oye ¿no ha llamado Clara?

-¿Clara? Ammm no sé, según yo no nadie ha marcado pero q… -fui corriendo hacia el teléfono mientras mi mamá aún seguía hablando, creo que la escuché decir algo sobre Clara pero no le presté más atención, lo importante es que Clara había quedado en llamarme y aún no lo hacía y eso no era normal. Llegué al teléfono y marqué su número

-Estimado usuario, el número que marcó no existe, le… click –colgué, otra vez ese estúpido mensaje, le volví a marcar

-Estimado u… ¡click! –colgué de nuevo, ¿Cómo que no existe? Recordé que el día anterior me había pasado lo mismo así que busqué en el registro de números el último que había marcado y que era el de Clara, llamé

-Estima… ¡¡click!! ¿Cómo madres no va a existir el número?

-¡¿Marco qué te pasa?!

-es que llamo a casa de Clara y me dicen que no existe el número, que pinche molestia que falle el servicio

-A ver Marco tranquilo, primero relájate

-No mamá… mejor… mejor ya sé qué hacer ¡Adiós! –tomé mis llaves y salí corriendo, a lo lejos sólo escuché el llanto de Bleu. Llegué otra vez a la casa de Paco, me abrió Juan

-¡Hey Mark ya llegaron! Espera ¿y tu novia?

-No sé, por eso regresé tan pronto, ayúdenme –Juan me miró algo asustado y sin decir nada fuimos con Paco; les conté lo sucedido –Entonces vamos a su casa, necesito que me acompañen

-Bueno, bueno, si está bien Mark –me dijo Paco –pero, ¿todavía estás sobrio?

-Ay pinche Paco ¿Por qué no me creen? Siguen con su estúpido jueguito de “no sé quién es Clara” –le dije casi gritando –si es así ya terminen, no es gracioso –estaba al borde de la histeria

-A ver, a ver, a ver Mark tranquilo, que ni Paco ni yo tenemos ningún jueguito, desde ayer estás con eso de tu novia y pues la verdad hasta donde sabemos tú no tienes, ahora bien si te conseguiste una pues que mal plan porque no nos contaste –me reclamó Juan, es ese momento no pensé nada más

-Miren –a penas y contenía mi ira –dejen ya de actuar, conocen a Clara como me conocen a mí, ella es mi chica, alguien muy, muy, muy importante en mi vida y si no me creen pues ya no me importa… -les dije y me fui; me empecé a sentir mal por haberles hablado a mis amigos así pero es que no estábamos jugando.

Empecé a correr y luego a caminar hacia la casa de Clara; el sol ya se estaba escondiendo. Llegué agitado y toqué el timbre. Una pequeña niña de rizos rubios de no más de 6 años me abrió la puerta

-¿¿Sí?? –jamás la había visto y no se parecía en nada a Clara

-Ammm hola pequeñita –sonreí -¿Estará Clara por ahí?

-¿Qué? ¡Mamá te buscan! –la niña se metió corriendo a su casa. ¿¿Mamá?? De repente salió una señora como de 30 años, muy parecida a la niña y nada a Clara, me dedicó una sonrisa nerviosa

-H-hola chico ¿te puedo ayudar en algo?

-Eh sí, busco a Clara, ¿ya regresó a casa?

-¿Clara? Mmm… no, creo que te equivocas, aquí no vive ninguna Clara

-¡Sí vive aquí! –Gritó la niña desde dentro de la casa, su pequeña melena dorada se asomó de nuevo por la puerta -¡Ella se llama Clara! –me gritó mientras me enseñaba lo que tenía en los brazos: una pequeña gata de color negro lustroso con ojos enormes y profundamente azules me miró para después brincar de los brazos de la niña e irse

-Bueno jejeje –rió nerviosa la señora –nuestra gata se llama Clara, mi hija así le puso aunque de clara no tiene nada; no pensé que te referías a ella…

-No, no es ella –la interrumpí –es una chica de mi edad, alta, cabello marrón, vive aquí…

-Ammm no… creo que te equivocas, aquí no vive nadie así ¿puedo hacer algo más por ti?

-¡No me mienta! ¡Aquí vive! ¡Clara! –grité y abrí de sopetón la puerta: dos chicos de no mas de 12 años jugaban videojuegos mientras que una chica de mas o menos mi edad me miró aterrorizada, no era Clara; pero aquella tampoco era su casa, si bien estaba en el mismo lugar y por fuera era idéntica, los muebles, la decoración, el tapizado, el orden, no era mucho menos el mismo, esto no podía estar pasando; una mano me tocó el pecho y me empujó hacia atrás, era la señora

-Escucha, aquí no vive nadie como tú describes, si no tienes nada más que preguntar, te voy a pedir que te retires, métete Ale –la niña se metió a la casa y la señora me cerró la puerta de un portazo.

No, no era cierto, no era verdad ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Clara no estaba? ¿Por qué nadie la conocía tan de pronto? ¿Qué le había pasado a su casa? ¿Quiénes eran esas personas? En un instante tuve una idea, me quedaba una última oportunidad y si fallaba entonces todo estaba perdido.
Corrí hacia el extremo de la casa ¡Ah! ¡Allí estaba! Aquella ventana abierta con sus barrotes; las cortinas eran las mismas

-¡Clara! –grité mientras metí mi brazo entre los barrotes y aparté la cortina. Un anciano estaba en un sofá viejo y desgastado, miraba el televisor que tenía enfrente, a su alrededor había muchas cajas, era todo.

-¿Eh? ¿Quién eres chico? –me preguntó aquel viejo en lo que yo lo veía; repasé el cuarto varias veces con la mirada, no lo podía creer, empecé a temblar -¡Chico! ¿Me escuchas? ¿Qué quieres? –el hombre se incorporó y empezó a caminar hacia la ventana, eché un último vistazo, saqué mi brazo y empecé a correr. Corrí y corrí hasta que llegué a casa. Vi a mi mamá y a mis amigos en la sala, me llamaron pero no escuché. Subí a mi cuarto y antes de soltar ese alarido desgarrador y llorar como nunca vi a Bleu… él también estaba llorando.

Tuvieron que pasar varios días para que cayera en la cuenta de lo que estaba pasando. Ni mis amigos ni mi mamá conocían a Clara a pesar de que llevaba un año con ella. Aquella casa en donde me la pasé ese furtivo día 4 había sido habitada por aquellas personas que vi al día siguiente desde hacía 7 años; el número al que había marcado la compañía telefónica dio su alegato de que no existía y por último me tuve que resignar a la idea de que Clara no existió nunca.

Pasó tiempo, en verdad mucho tiempo, para que yo dejara de marcar aquel número, para dejar de ir a esa casa. Mis amigos nunca dejaron de apoyarme y un buen día, me reí de mi idea tan descabellada de Clara y cómo yo la inventé.

Una cierta mañana mi madre me puso a ordenar mi cuarto, a tirar la basura y a apartar lo que se pudiera donar. Recuerdo que abrí mi armario y se cayó mi pequeño calendario que tenía arriba. Bleu estaba conmigo y empezó a ladrar desesperadamente

-Ay Bleu ¿Hasta cuando vas a dejar de ladrarle a todo lo que se cae? ¡Esto es un calendario! Es igual al de la cocina y al del cuarto de mamá –Bleu seguía ladrando -¿Ves? No pasa nada, es más veamos que día es… Ammm a ver… ¡oh! Mira Bleu ¡es 5!

-¡Guau!

-¡Espera! –De mi armario saqué una caja de madera donde yacía una foto 

–Feliz aniversario pequeñita –dije mientras acariciaba la fotografía.

En ella aparecía yo abrazando a la chica más hermosa que mis ojos han visto, ella llevaba una playera blanca con botones de presión la cual ¡me encantaba! Su sonrisa me hechizaba y su cabello color marrón caía delicadamente en sus hombros

-¡Hay mi niña! Eres tan grandiosa que incluso ya lo sabías antes de que sucediera. Para ti era tan claro, Clarísima, clarividente… -me giré hacia Bleu – ¡Hey Bleu saluda a tu dueña! – Bleu ladró alegremente y movió la cola. Tanto él como yo adorábamos ver esa foto, nos traía gratos recuerdos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Tadeus Lempzkit

Aquel era un día nublado. El hombre caminaba con rapidez debido a la amenaza de lluvia, aún así no perdía su clásica elegancia al caminar. Se dirigía al café “Mercredi” donde era frecuente verlo; siempre pedía un expresso y apenas lo tocaba. Nunca estaba más de 30 minutos y nunca había hecho el intento de entablar una conversación con algún otro comensal. Se dedicaba a leer la sección “Finanzas” del diario donde constantemente fruncía el seño. Cuando acababa de leer cerraba el diario, le daba un último sorbo a la taza casi intacta, dejaba unas cuantas monedas y se iba. Era un hombre frío, y solo.

                Esta solía ser parte de su rutina diaria, y ella lo sabía. Sin embargo, ese día, mientras leía, una fuerte lluvia cayó sobre la ciudad de París y no paró sino hasta varias horas después.

-¡Merde! –maldijo el hombre mirando la tupida precipitación desde la gran ventana del café, aún así, nadie lo escuchó, salvo ella quien lo estaba mirando son que él se percatara de esto.

                Ella siempre lo veía, todos los días, desde lejos. Lo amaba. No le importaba su gelidez, ella así lo quería. Un día coincidieron en el café y al darse cuenta de que él siempre regresaba, ella no dejó de asistir. No sabía su nombre, ni su edad, sólo que trabajaba en una agencia de negocios y esto para ella era suficiente. Durante muchos días imaginaba que él se acercaba a su mesa y se presentaba; sin embargo, el enigma de su personalidad acabó por desechar esta idea.

                Ella era una gran pintora; el arte era su pasión y se esmeraba en hacer una obra mejor que la anterior. El día que decidió retratarlo, su vida dio un giro muy importante. Desde ese momento cargaba siempre con ella su material de trabajo. Hojas y lápices la seguían a todos lados y siempre eran usados para retratar a la misma persona, a él. Cada vez lo dibujaba en diferentes posiciones, según como estuviera, y al llegar a su casa, intentaba juntar todos esos bocetos para crear una misma figura. Tenía pensado dibujarlo de negro, con sombrero, guantes y en un día nublado; ya que creía que esto reflejaría su elegancia y su frialdad al mismo tiempo.

                Pasó mucho tiempo y el cuadro estaba quedando magnífico, sólo que en el momento de culminar su obra se percató de un detalle, hasta ahora, insignificante. Cuando ella lo observaba, no había fijado que nunca le había visto la mano izquierda, ya que con ésta sostenía el diario y era éste mismo el que le tapaba su visión.

                Aquel era un día nublado, en la casa de ella estaba el cuadro casi terminado; un elegante hombre vestido de negro increíblemente guapo, con una expresión de frialdad e impaciencia que mostraba el carácter del modelo, sosteniendo con una mano deforme y abstracta un sombrero de copa.

                En la calle, el cielo vertía su plata líquida en forma de lluvia, esta plata golpeaba el cristal del café Mercredi

-¡Merde! –dijo un comensal, quien sin saberlo se había convertido en una obsesión silenciosa. Y, a unas mesas de distancia, estaba ella. Lo miraba como siempre, pero esta vez intentaba observar esa mano que le faltaba a su obra.

-¡Merde! –había dicho el hombre, y cerrando violentamente el diario, arrojó unas monedas y salió del lugar. Todos los clientes del café lo miraron y ella, apresuradamente y sin saber bien el porqué, también salió del lugar para alcanzarlo. La lluvia arreciaba cada vez más.

-¡Monsieur! –gritaba la chica

-¡Maldita sea! –exclamaba el hombre

-¡Monsieur! –volvió a gritar

-¡Aléjese! –le respondió y cruzó la calle. Ella no entendía cual era su molestia

-Monsieur por favor…

-Maldición ¿qué? –dijo el hombre parándose a media calle

-Ammm… yo… Monsieur…

-¡Diga de una vez! –exclamó con molestia, y su boca se selló para siempre. Un automóvil venía derrapando desde una calle antes y al ver al hombre no pudo detenerse. Un seco golpe se escuchó y luego, silencio.

-No… -fue lo único que ella dijo.

                Poco a poco fueron llegando varias personas conmocionadas por el hecho, después llegó la ambulancia del Hospital Les Innocents para anunciar la defunción del sujeto.

                Aquel era un día nublado y la lluvia no paró sino hasta varias horas después. Ella estaba en su casa mirando  en la ventana, a su espalda estaba esa magnífica obra, antes maravillosa, hoy dolorosa. La gente corría en la calle para resguardarse de aquella precipitación. Ella miró al cielo, él compartía su dolor y lloraba junto con ella.

[Inspirado en el cuadro del mismo nombre de la pintora Tamara de Lempicka]

jueves, 17 de febrero de 2011

Frases

Crucé la calle, ella estaba justo enfrente. Su imagen me vino hoy a la mente cuando desperté al alba. 
Recuerdo que hace unos días me hicieron un comunicado, ella ya no estaba aquí ni en ningún otro lugar; las noticias me resultaron tan ridículas como increíbles, sin embargo, yo sentía que algo no estaba bien. Ese día la llamé, pero nadie respondió, volví a llamar pero no tenía sentido, hacía días que la vi bajando a ese gran agujero en la tierra, con su cama de madera y con los ojos cerrados; fue un día triste. 
Hoy, salí rumbo al trabajo como de costumbre, corrí pues el camión me dejaba y ya era tarde, pasaron unas cuantas calles y bajé. Disponía a entrar al edificio cuando la vi, así que crucé la calle, ella estaba justo enfrente
Una vez que estuve del otro lado de la acera cerré los ojos y solté una lágrima, ella no estaba ahí, ella solo no estaba, ella solo no respiraba, ella solo no existía, ella solo había muerto.


Gracias a mi monero que me dio la inspiración.

martes, 8 de febrero de 2011

Llora y Añora


Me hice un tatuaje con tu nombre
       Con un viejo hechicero
Él se rehusaba a hacérmelo, porque creía que no era correcto
Le insistí mucho hasta que me dijo
“¿estás segura de que es el amor de tu vida?”
Le dije “es el verdadero”
Con un gesto inseguro, procedió a efectuar el hecho
Y en cuanto la tinta tocó mi piel
Algo mágico sucedió
Tu nombre se aclaraba, poco a poco y con más ganas
Se escribió solito
Sin la tinta y        sin el viejo hechicero
“¿qué está pasando?” dije asombrada
“Es tu amor niña”, me contestó aquel sujeto
“Su amor es tan honesto, que no necesitan nada para plasmarlo
Con la magia de sus sentimientos, se han unido en alma”
“¡Gracias!” le abracé con firmeza
Pues estaba segura, que lo que me dijo era una promesa
Pasé toda la tarde buscándote
Para contarte mi suceso
Y por más que llamé
Tu persona estaba de paseo
No te hallé en ningún lado
Creí que te habías ido
Pero miraba mi tatuaje
Y recordaba lo prometido

Llegué a mi casa ya en la noche
Mire mi cama y me dispuse de ella sin reproche
Mi tatuaje brillaba aún sin la luna
Y en el claro de mi alma bailaba mi corazón con dulzura

Cuando desperté supe que había pasado algo de inmediato
Pues mi cama estaba sucia
Por el tiempo
Y por la vida
Hacía días que dormía desde mi encuentro con         el viejo hechicero
Miré mi tatuaje y ahí estaba, sonriendo
Le sonreí y me paré con un solo pensamiento
Me miré al espejo mientras le susurraba al viento
“tiene que estar conmigo, tiene que llenarme este vacío”
¡Cual vacío! Si tu amor me llenaba
Me reí a carcajadas
Permití que la vida se me escapara una hora
Y cuando estuve lista salí a tu encuentro

La vida giraba a mí alrededor
Mientras contemplaba la calle
¡Ahí estabas! Era el momento
“¡Amor!” te grité y corrí para llegar a tu lado
¡Amor! Fue lo que se quebró en ese momento
En el momento en que vi al viejo hechicero
“¿estás segura de que es el amor de tu vida?”
Eso me había dicho
Y ¡oh! Sorpresa yo no sabía lo que veía
“Amor” y mi voz se quebró en llanto
Porque mis ojos te vieron en tu beso y lo disfrutabas tanto
Aquella chica de la cual no sabía nada
Ahora usurpaba tu boca, tu cuerpo y tus brazos
“Amor” te dije y te soltaste de ella de un salto
“Sólo espero que me perdones” fue tu reacción ante mi lloro
“Amor” dije y aquella lágrima salió deslizándose
Llegó a mi mano y sonó
Sonó
Si, sonó
Porque el tatuaje estaba borrado
Porque la magia de tu amor se había consumado
“¿desde hace cuanto?” te pregunté
“Desde que decidí que no eras lo que buscaba” me dijiste

“Mentiroso” grité

Pero no te dije a ti
Señalé          al viejo hechicero
De los 2 él fue el que me hirió más
Porque me dijo que nuestro amor era tan real que no se necesitaba plasmar
Me hizo creer que realmente me amabas, cuando no era cierto
           Mentiroso viejo hechicero

Regresé a casa
A cama
Dormí otro tanto de tiempo

Desperté y ya no estabas
Tu sepulcro se alzaba frente al mar
Qué curioso, yo no puedo ir al mar
El sol me lastima y me consume
Qué curioso que no pueda visitarte

Me senté en el lugar de tu traición hace ya tantos años
Y aquel con su túnica morada me hizo compañía
“Moriste de amor hace ya varios años”
“¿y él de que lo hizo?”
“Natural por supuesto”
“¿Fue feliz?” se me escapó la pregunta
“Como nunca lo pudo haber imaginado” me dijo mirando hacia el horizonte
“Se quedó con ella y le dio familia, tuvo un gran trabajo y unas excelentes vacaciones,
Fue un hombre reconocido dentro de su área de trabajo, sus últimos años los pasó a su lado,
Ella le dio noches interminables, placeres insaciables, felicidad incontenida, alegrías inalcanzables”
Muy muda fue mi respuesta

Hasta que volví a herirme

“¿Y yo?”
“A ti no te quiso olvidar, intentó encontrarte para que lo perdonaras, pero ya era tarde,
Por muchas noches le rogó a aquel en quien tú creías, que te pudiera hallar para poder descansar,
Hasta que una noche
Creyó que habían pasado demasiadas noches en vela por tu causa,
Así que cortó una rosa
Salió al jardín
Y con toda la fuerza de su espíritu
Se prometió a sí mismo que era el momento de olvidar
Y lo logró.
Te olvidó
Lo siento mucho”

Muy muda

Hasta


“Dime         viejo hechicero
¿Porque yo no me puedo ir?”
“Porque tu moriste por causas humanas y no mortales”

 “A que no es lo mismo”

“A que no es lo mismo”

Hoy he llegado a tu jardín
Recogí esa puta rosa que habías arrojado
¡Me vale madres tu promesa!
Me heriste y ojalá siempre te haya lastimado
Porque tú ya te has ido
Y a mí me dejaste en el mismo infierno
Tu recuerdo me hace tanto daño
Porque hace años me heriste
Ojalá y nunca halles el descanso eterno


Dormí 2 días con sus noches
Desperté y la puta rosa seguía ante mis ojos
Tan fresca como la que usurpó mi lugar
La agarré
La olí
La abracé
Miré el cielo
Y te susurré
“Estés en donde estés
Nunca olvides
Que te quiero mucho, mucho, mucho…”


Sé que mi mensaje te llegó
Sin tinta
Sólo con         el viejo hechicero.

jueves, 27 de enero de 2011

Memorial


Ese día fuimos al cine. Antes, me habías llamado y quedamos en ir. Realmente yo no quería asistir pero tampoco quería quedarme. Llegaste por mí al trabajo completamente mojado, estaba lloviendo como si fuera a caer un diluvio; nos saludamos furtivamente y corrimos al auto. Miré el pavimento, cada vez se encharcaba más, sin quitarle la vista te dije que manejaras con cuidado porque podría ser peligroso debido al estado de las calles. Me dijiste un “de acuerdo” y no volvimos a hablar hasta que estábamos en la taquilla del cine. No recuerdo que película vimos, ni siquiera sé cuánto duró, en la sala veía la pantalla y a veces el helado que compramos. Sólo una vez te volteé a ver y tú estabas absorto en la película, con los ojos fijos en la pantalla. De pronto todo se puso negro y después se prendieron las luces, salimos y tú ibas enfrente de mí. Afuera miré el reloj y mientras lo contemplaba te pregunté si querías ir a comer a mi casa, aceptaste y fuimos al carro. La lluvia había parado pero el asfalto seguía inundado, esta vez no hizo falta que te dijera que tuvieras cuidado.

Dormitaba cuando paraste, mi casa se alzaba ante nosotros y yo salí para abrir las cerraduras en lo que tú le activabas la alarma al auto. Adentro, te pedí que te sentaras mientras yo cocinaban, así lo hiciste y después de un tiempo nos sentamos. Recuerdo que hablamos sobre comics, creo que reí en algún momento pero siempre tuve la vista en el plato. Terminamos de comer y recogí la mesa en lo que tú mirabas tu reloj. Regresé al comedor paseando la mirada en el suelo, suspiraste y anunciaste que te ibas, “¡claro!” te dije y te acompañé a la salida.

Salimos y nos quedamos en el umbral de la puerta, frente a frente; volteé a verte a la cara para despedirnos y cuando tus ojos sostuvieron los míos, me quedé helada: en ese momento fue cuando noté que en todo el día nunca nos habíamos visto a los ojos, y ahora, esos ojos me estaban capturando y me invitaban a entrar; me sumergí en ellos y lo vi, vi todo, y ese todo era… nada, ya no había nada, la nada era el todo. Salí de tus ojos y supe que tú también te habías metido en los míos, y que habías visto lo mismo. Las lágrimas se agolparon en mis párpados y sin bajarte la vista te dije “Se acabó ¿verdad?”, “Sí”, me dijiste y vi las mismas lágrimas que yo tenía, en tus ojos. Bajaste la mirada. Recuerdo que dolió.

              El último día que te vi fue en el aeropuerto, te ibas a trabajar a otro país, te deseé suerte después de abrazarte y tú me agradeciste, abordaste el avión y desapareciste. Ya había pasado un año desde aquel día en que me perdí en tus ojos; los meses siguientes nos la pasamos organizando nuestras cosas y cada quien tomó un camino diferente. Sufrí y me dolió mucho pero, ¿qué hacer cuando ya no había nada de qué hablar?, ¿qué hacer cuando toda la comunicación se reducía a “hola”?. Te recuerdo como aquel día en que fuimos sinceros con sólo vernos, recuerdo como nos conectamos sólo para separarnos, recuerdo, recuerdo…